Defender nuestro propio estrés no es la solución. Una mirada al estrés en el trabajo desde el Mindfulness

Creation Date Lunes, 24 Octubre 2016.

Defender nuestro propio estrés no es la solución. Una mirada al estrés en el trabajo desde el Mindfulness

Realizar más de una tarea al mismo tiempo, cumplir objetivos, las prisas, complacer, miedos, dar el callo, gestionar equipos, ser el/la mejor, recordarnos tareas incompletas, cientos de whatsapps, emails…tienen como consecuencia en muchos casos un importante estrés mental, desgaste emocional y físico, a menudo disimulado con actividades de ‘desconexión’, deporte intenso, pensamientos futuros de salvación, actitudes de aislamiento, drogas/alcohol, sexo o fármacos innecesarios.

Pero qué pasaría si le damos la vuelta a la tortilla y planteamos el estrés como un telón que cubre mi dificultad para parar y gestionar mis necesidades? Plantear que el estrés se lo genera uno mismo, no siempre es fácil de ver y aceptar sin pasar antes por un proceso de auto observación consciente. El Mindfulness, término inglés traducido por ‘atención plena’ nos ayuda a aquietar la mente y poner una atención consciente en mi, en lo que pienso, siento, necesito sin juzgarlo o etiquetarlo. El Mindfulness nos ayuda a situarnos en el AHORA, dando menor valor a pensamientos futuros o pasados, inexistentes en el instante presente.

Vamos a ver un ejemplo, si mi mente me repite continuamente las doce tareas que no he hecho y tengo que hacer antes de acabar el día, es probable que me agobie, mi sistema nervioso se altere, me sienta agotado y quizás me cueste hasta dormir por las noches. Detrás de este estado de ánimo estresante hay un pensamiento que lo alimenta y sostiene ‘no he hecho las doce tareas’.
En la mayoría de los casos, parece que la tendencia social es a evadir la responsabilidad que cada uno tiene sobre su vida y proyectarla en causas externas. Es decir, la causa de mi estrés es mi trabajo, mi jefe, mis compañeros, los objetivos… o cosas tan irreales como los mercados financieros y la borsa entre otros.

A fin de cuentas, aceptar y consensuar una serie de argumentos para DEFENDER NUESTRO PROPIO ESTRÉS no lleva a buen puerto. Sin duda, entrar en este tipo de ‘frases defensoras de mi estado de estrés’ son una barrera para lo que realmente anhelamos, pues no dejan de perpetuar y dificultar el camino hacia la calma, la paz, una vida más coherente… Pero para algunas personas es más fácil tirar pelotas fuera antes de parar un momento, escucharse honestamente dentro y darse cuenta de que por ahí no va la solución y que mi estrés todavía sigue más o menos igual.

Qué puedo hacer?
Como ya hemos visto, detrás de gran parte de nuestros estados de ánimo y por lo tanto del estrés, hay un pensamiento o pensamientos que lo alimentan y sostienen, y una incapacidad a poder parar nuestra apretada agenda. Así pues, parece que todo aquello encaminado a aquietarnos, aquietar nuestra mente y poner conciencia en lo que hacemos y sentimos pueda ser de gran ayuda. En este caso, PARAR es un buen punto de partida. La velocidad, ser seres multi-tarea nos sumerge fácilmente en nuestros propios pensamientos y nuestras vidas y acciones son esclavas de todo ello.

Parar en sí mismo es muy sencillo, pero en algunos casos pueda ser un cometido colosal en nuestras ajetreadas vidas. Pero…quién no dispone por ejemplo de un minuto de los 1.440 que tiene un día para cerrar los ojos y sentir la respiración de forma consciente?
Como ejercicio que es, requiere de un entrenamiento, persistir en la práctica es el kit de la cuestión, pero no te estreses tampoco con esto. Mira también aquello que sí puedes hacer desde ya y no te supone un gran esfuerzo, algo por lo que no debas modificar tu vida ahora mismo. Por ejemplo, ser consciente cuando conduces, cada vez que abres una puerta o respirar 3 veces antes de coger el móvil, sin que sea el piloto automático quien lo haga. Este tipo de sencillas prácticas consciente nos va entrenando en esta toma de conciencia del presente.

Es importante remarcar que, será el parar el ruido interno lo que me de mayor claridad y conciencia sobre mi SENTIR. Y si me doy cuenta de lo que siento, puedo empezar a ver lo que NECESITO. Por ejemplo, si al parar me doy cuenta de que me siento cansado físicamente, podré conectar con la necesidad de dormir o de sentarme en una silla. Si me doy cuenta de que estoy enfadado, rabioso, seguramente pueda ver con quién o con qué estoy enfadado para poder solucionarlo. Si me doy cuenta de que tengo miedo, puedo ver qué fantasías negativas tengo. Si mi sensación es de insatisfacción quizás pueda darme cuenta de qué es lo que me genera tal sensación.

A veces estamos tan identificados con nuestros pensamiento y emociones que este ejercicio pueda resultar una tanto difícil de hacer solo en un inicio, no te desanimes por ello, puede ser normal. También se pueda dar el caso de que parar destape emociones de las cuales no eras realmente consciente. Por lo tanto, en algunos casos pueda ser aconsejable estar acompañado de la mano de un profesional que nos ayude a identificar las emociones, ordenar las ideas o deshacer patrones falsos de funcionamiento. En este sentido existen diversas terapias de acompañamiento, pero personalmente aconsejo la terapia Gestalt por ser la que conozco y me han sido de gran ayuda en mi camino de transformación.

Finalmente y a forma de resumen, vivimos en una sociedad y mundo laboral que favorece el estrés, pero eso no quita que seamos responsables de las decisiones tomadas en nuestra vida. Buscar excusas fuera no nos ayuda en nuestra camino hacia el bienestar personal y laboral, sino que más bien la bloquea. Parar y aquietar la mente por medio del Mindfulness, nos ayuda a bajar el volumen de nuestra radio interna y a poder ver y gestionar nuestros pensamientos, emociones y acciones de forma menos reactiva. Parar, sentirme, me permite vivir el momento con mayor claridad, aumentando la concentración, el bienestar personal, la empatía con los demás, permitiendo una comunicación más clara, facilitando el descanso y una mayor conexión con mis necesidades.

Escrito por Jordi Ferrer. Instructor de Mindfulness para grupos y empresas.
www.jordi-ferrer.com

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