Saber abrir, saber cerrar

Este artículo propone reflexionar sobre las dificultades que observo en mi día a día en mis pacientes y alumnos y en mi propia experiencia.

Abrir y cerrar son conceptos que nos enseñan a temprana edad. Antes de nacer ya aprendimos a abrir y cerrar los ojos, abrir las manos y cerrarlas, abrir y cerrar la boca, … Es un movimiento que está presente en la naturaleza, que se expande y se contrae. Y también en nuestro cuerpo, las células musculares se expanden y se contraen, el corazón se contrae y se dilata, los pulmones se abren y se cierran. Pusimos palabras a estos conceptos cuando nuestros padres nos enseñaron a abrir y cerrar una cajita, a abrir y cerrar una puerta. Y ahora que ya somos adultos, ¿sabemos abrir y cerrar?

Está claro, cuando abres, dejas entrar y dejas salir y cuando cierras, no dejas ni entrar ni salir. Es decir, se pone una barrera de protección o contención. Cerrando se contiene uno, se focaliza y se centra pero al mismo tiempo se cierra a otros puntos de vista y se vuelve rígido. Abriendo se encuentran nuevas oportunidades, nuevas ideas y a veces uno se desparrama y se dispersa. Hay personas que tienden más a abrir y abrirse (abridores) y personas que tienden más a cerrar y cerrarse (cerradores). Veamos….

Abridores: Las personas abridoras son iniciadoras. Son personas que tienen ideas e iniciativa. Tienen gran capacidad para iniciar nuevas actividades y tareas. Les resulta fácil comenzar cosas nuevas, les llama la atención y se sienten atraídas hacia la novedad. Se dispersan fácilmente. Son abiertos de mente llegando a veces a la ingenuidad.

Al mismo tiempo, les resulta fácil iniciar nuevas relaciones personales, les gusta conocer gente y fácilmente generan un primer vínculo. No les cuesta abrirse. No les cuesta decir SÍ y les cuesta decir NO.

Sin embargo, como iba diciendo, les cuesta decir NO, les cuesta cerrar. Les cuesta acabar las tareas y perseverar hasta finalizar sus quehaceres o actividades iniciadas. Les cuesta también romper relaciones personales y pueden estar por ejemplo, meses o años teniendo contacto con personas que saben que ya no les aportan. Les cuesta también cerrar las etapas de vida y enlazan unas con otras.

Como les cuesta cerrar y no les cuesta nada abrir, encuentran en su vida solapamientos que les generan confusión interna. Solapan actividades, parejas, círculos de amigos, trabajos y ciclos de vida.

Cerradores: A los cerradores les gusta acabar las cosas. Sienten una necesidad interna de finalizar sus tareas y actividades. Prefieren tener pocas cosas entre manos y focalizarse en una sola para terminarla. Son cerrados de mente llegando al escepticismo. Se cierran a su propia creatividad, y así no dejan entrar nuevos conceptos y enfoques.

Aunque les duela, son capaces de acabar con las relaciones personales que sienten que deben acabar y mantener esa decisión en el tiempo sin recaer alargando la despedida. Cuando se van se van, es decir, cuando mantienen la relación es porque quieren y no porque les cueste irse o cerrar la relación.

No solapan relaciones ni tareas. Les gusta terminarlas. Les cuesta empezar las nuevas etapas y conocer gente que les abra nuevas ventanas en su vida. Les cuesta abrir su corazón.

Se previenen de la novedad o de la gente nueva. Se reservan y observan el exterior sin intervenir. No les cuesta decir NO y les cuesta decir SÍ.

Como les cuesta abrir y no les cuesta cerrar, se encuentran a veces en el vacío, el aislamiento o la soledad y pierden oportunidades que les muestra la vida. Pierden personas que podían haber conocido y también caminos profesionales o espirituales que se niegan a recorrer. Cuando finaliza una etapa de vida, pueden estar perdidos durante mucho tiempo hasta que consiguen abrir una nueva etapa.

Seguramente, te has reconocido en uno de estos dos grupos, o quizás en algunas cosas de cada uno de ellos. Te invito a que observes dónde estás, que observes que te cuesta y que te resulta fácil. Y también a que explores el otro polo, o la otra polaridad, como diríamos los gestaltistas. Que explores abrir si eres cerrador y a cerrar si eres abridor, incluso aunque a veces sientas que vas contra ti mismo. Para qué? Para así encontrar el equilibrio, abriendo y cerrando procesos, relaciones, etapas, ciclos, haciendo tu vida más coherente y honesta, más fluida. Se trata de comportarse de diferente manera ante la misma situación, de fomentar nuestra plasticidad neuronal y tener un repertorio conductual más amplio que nos permita vivir la vida más plenamente. Y es que en algunos momentos es necesario abrir y en otros, es necesario cerrar.

 

Marta Fernández Bustamante
Terapeuta gestalt. Terapeuta de sonido. Dra. en Inmunología

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