Cuando la meditación nace

A menudo, cuando hablamos de meditar, la gente se refiere a la técnica, por ejemplo sentarse en el suelo de piernas cruzadas, centrar la respiración en el vientre, visualizar un sol…etc. Otras personas hablan de ‘no pensar en nada’….pero qué es en realidad meditar?

Desde mi experiencia, definir que es meditar no es tarea fácil, yo mismo me doy cuenta en mis clases que cambio mi discurso cada año, a veces de un día para otro…será que en verdad no lo sé o que intentar definirlo no tiene sentido?

Personalmente tengo claro que la meditación no es la técnica en sí. Voy a poner un ejemplo, si quiero ir en bicicleta, me ayuda saber que tengo un sillín, unos pedales que accionar, un manillar para maniobrar la dirección y unas palancas de freno para reducir la velocidad. Pero sólo la práctica me da la experiencia del equilibrio sobre la bici, algo fundamental que hasta que no se experimenta no se puede conocer y es difícil de explicar…verdad? Pero quienes de los que vamos en bicicleta pensamos en todo esto? A caso no es algo que nos sale de forma natural?

Así pues, podríamos intuir que la meditación requiere de una técnica que nos ayuda y de una experiencia única que sólo se llega a ella cuando se practica. Por lo tanto, y volviendo al símil de la bicicleta, parece que meditar también podría ser una cosa natural una vez tenemos ya la técnica bien asimilada. Pero, es imprescindible pasar por la técnica?

Todavía recuerdo la sensación la primera vez que me mantuve unos instantes encima de la bicicleta! Hey! Ya no era mi padre quien sujetaba el sillín, era yo quien se sostenía! Esos instantes fueron mágicos, yo, mi ser, estaba plenamente ahí, viviendo ese momento presente.

Quién no ha tenido un momento de sentirse plenamente consciente, aunque sea por un segundo contemplando una puesta de sol o simplemente hablando con un amigo. Ah no…. hay quien dice que el objetivo de meditar es iluminarse o conseguir el nirvana y ahí ya nos perdemos.

Vamos a simplificarlo todo un poco, porque la vida fluye cuando es simple y se estanca cuando la complicamos. Si meditar es algo que puede ser natural en mi no puede ser complicado…veamos, para de leer, sí, sí, no es una broma, para de leer, respira y piensa en iluminarte, es decir, un estado que desconoces o que si has vivido ahora mismo no existe…y como te sientes? Pues yo, sinceramente señoras y señores, cuando pienso en ello me agobio y siento que sufro, no estoy tranquilo, pues mi mente se aferra a algo que siente que no tiene…entonces, para qué meditar? Si es para conseguir supuestamente algo que me ha hace sufrir por el camino… mm…seguramente meditar no sea para esto.

Qué tal si vuelvo aquí donde estoy, simplemente leyendo este texto, pero con plena atención, una atención tan plena que quizás las palabras cobren vida…. como si pudiera ver el contorno de todas las letras por separado y juntas a la vez… darme cuenta que el libro o pantalla tiene márgenes… unos límite que se extienden más allá… y que aquí estoy yo, plenamente consciente de ello. Llegado a este punto, quizás es cuando meditar tenga más sentido y sienta que nace dentro de mí un estado diferente, un estado de tranquilidad, de reposo, de apertura y claridad.

 

Jordi Ferrer Cancho

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