¿Te muestras o te de-muestras?

Este artículo pretende ser un espacio de reflexión interna y no un argumento para señalar a otras personas lo que no nos vemos en nosotros mismos. Me gustaría que la mirada del lector, entonces, fuera hacia dentro. Leyendo y observándose al mismo tiempo, ¿cómo me siento yo con esto?, ¿cómo lo vivo? Sin juicio, sólo observando.

En mi opinión, existen dos maneras de expresar la opinión o presentar un trabajo realizado. Mostrándose o demostrándose. Al mostrarse ante el otro, se expresa lo que uno piensa con todo el valor que tiene tu opinión y a la vez respetando la postura del otro. Al de-mostrarse, se intenta convencer, seducir y llevar al otro a “tu terreno”, queriendo tener la razón y de-mostrando ser el que más sabe de ese tema.

El de-mostrarse tiene varios disfraces, varias maneras de hacer, veamos cuáles son algunas de ellas:

-Vehemencia/radicalidad. Se trata de opinar muy aferrado a tu idea, con contundencia. Como si no pudiera ser de otra manera. Te identificas con tu idea y te sientes ofendido si se te lleva la contraria. Parece que en tu mente, la realidad no puede ser de otra manera. “Las cosas son así”.

-Insistencia. Esto de repetir y repetir varias veces tu opinión y así “talandrando” va entrando en la cabeza de los demás. Es el “sí sí, pero….” y ahí se mete tu idea, tu manera de verlo. Dices que aceptas la del otro con el sí, ah! Pero el “pero” resta valor a otra opinión y afianza la tuya. Una y otra vez, hasta instalarse en las neuronas del otro.

-Desvalorización hacia el otro. Descalificar la opinión del otro para salir ganador en la discusión. De esta manera, “sales vencedor”. Por ejemplo, puedes arremeter con si la otra persona está o no suficientemente informada para dar esa opinión, así, “la mía” es más válida.

-Subir el tono o interrumpir al otro. Hablando más alto o no dejando hablar, lo que digo será más importante. Invadiendo el espacio del otro. Vamos, pisas la voz del otro y así como no se le oye, pues parece que tu opinión tenga más peso…

-Valerse de tu experiencia o “titulitis” para demostrar que sabes.

-Pensar que lo que uno dice no es interesante, es aburrido o no tiene valor, no sé suficiente del tema etc… haciéndote la tonta o la víctima. Esta sería una manera de de-mostrarse donde lo que haces es no mojarte, vamos, no mostrarte. Haciendo un rol de “no sé”, “lo que digas, lo que diga la mayoría”… no te responsabilizas de tu propio poder ni de tu propio valor y no te muestras.

-No opinar, no mostrarse ni demostrarse. Hacerse el transparente. Quedarse en la retaguardia observando y no mostrándose.

Todas estas maneras de de-mostrarse son estrategias del ego, de diferentes formas de ego (ego es tanto hacerse el transparente como ser cabezón), que tapan nuestro propio ser y nuestra capacidad de mostrarnos de verdad, de mostrar nuestro ser. La mayoría de personas hacemos un poquito de todo. Así, yo misma a veces me comporto como una cabezota, muchas otras de manera cansina, y otras tantas, de víctima. Poder observarte y reconocerte en alguna de estas estrategias puede ayudarte a respetar más y a mejorar tus propias opiniones y las de los demás. Querido lector, y tú,  dónde te reconocerías?

Si reflexiono sobre el mundo en que vivimos, observo que esta sociedad nos empuja a la racionalidad. La presión es importante, hay que saber, hay que valer, hay que demostrar que vales. Nuestra educación nos habla de sacar buenas notas, de ser brillantes. La “titulitis”…. Nos habla de demostrar y no de mostrarse, de convencer, vender más y tener razón, porque si lo que dices no tiene argumentación no vale nada. Y así se cultivan miles de vendedores intentando convencerte, miles de abogados defendiendo sus ideas. Basta estar en una conversación diaria. Basta estar en tu propio ego. Es algo que ocurre a todas horas. Es una competencia intelectual, un tira y afloja.

Ahora bien, podemos desdibujarnos de esta sociedad “titulitaria” y abrir mente. Y abrir corazón. Podemos elegir entre acogernos a nuestras ideas y aferrarlas como si fueran nosotros mismos, o las podemos dejar ir, estar abiertos y escuchar al otro. Dejar de entrar en esa lucha de egos y mostrarnos tal y como somos. Aceptando la necesidad de querer aportar algo y tener un valor. Sin saltar a las estrategias del ego para intentar de-mostrarse y así tapar el dolor que nos causa no sentirnos valorados o vistos. Cuando intuyas que te sientes así, que no te sientes valorado por tu jefe, amigos, novio/a, sociedad…párate y obsérvate y plantéate si tu sabes valorarte a ti mismo. Si tú te estás dando el valor que te mereces. Si te sientes merecedor de ese valor.

No tienes por qué demostrar que vales por lo que haces porque tú ya vales por lo que eres. MUESTRATE!

 

Marta Fernández Bustamante

Terapeuta gestalt. Terapeuta de sonido.

Doctora en Inmunología.

1 Comment

  1. Omar el 2 febrero, 2021 a las 1:32 pm

    Hola Marta
    me ha gustado mucho tu reflexión, me he sentido identificado en algunas situaciones de mi pasado reciente de los que no estoy orgulloso (básicamente vehemencia e insistencia). Al final, me doy cuenta que no me valoro lo suficiente a mi mismo, que entiendo que debe ser lo principal. Cuando llevas muchos años sin valorarte se hace difícil escoger por dónde empezar…



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